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Un café, una vida entera

diciembre 7, 2008

El café Los Galgos fue testigo del crecimiento y esplendor de Buenos Aires casi desde sus inicios.

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Desde 1930, en la esquina de Callao y Lavalle, funciona Los Galgos. Un café que forma parte de la historia y de la transformación de la ciudad, por donde pasaron celebridades como Enrique Santos Discépolo, Anibal Troilo, Arturo Frondizi y Oscar Alende y que hoy, según uno de sus dueños, sufre de abandono.

Hacia fines del siglo diecinueve la familia Lezama levantó su residencia de tres plantas en la esquina donde hoy, desde hace 78 años, funciona el café. En 1920, la marca Singer alquiló la casa para poner a la venta sus productos. Cinco años después, se transformó en farmacia por el lapso de un lustro. Hacia 1930 se convirtió en Los Galgos y en 1948 fue comprado por un tal Ramos, el padre de los actuales dueños.

En sus paredes y columnas se exponen, como tesoros, recuerdos enmarcados. Un cartelito algo insólito dice que “Por ordenanza municipal no se aceptan devoluciones de masas y sándwiches”. Hay edictos policiales que prohíben los “juegos de naipes, dados y otros”. Además, la antigua cortadora de fiambre luce como una joya de la abuela y aún se mantiene el uso del almanaque en el que se deshojan los días como una margarita.

Desde octubre de 2004, Los Galgos hace gala de la categoría de “notable”, gracias a la distinción que le otorgó la Comisión de Protección y Promoción de los café, bares, billares y confiterías notables de la Ciudad de Buenos Aires. Un privilegio que destaca a “aquel relacionado con hechos o actividades culturales de significación, o cuya antigüedad, diseño arquitectónico o relevancia local le otorguen un valor propio”.

Alberto, uno de los tres hermanos de la dinastía, atiende detrás de la barra y de sus anteojos de lente gruesa, pero no muestra su mejor cara. A sus 81 años, vive como un lamento el deterioro del patrimonio comercial que comparte con su familia. “Hace unos años, a esta hora (las 20) era cuando empezábamos a trabajar y no cerrábamos hasta las 4. Fijate ahora, estoy cerrando”, cuenta resignado. “Mi hermano no tuvo ningún hijo y el único que yo tuve ya se murió”. Al menos para los Ramos, el fin de Los Galgos parece no ser muy lejano.

Un comentario

  1. He utilizado informacion de vuestro sitio en mi sitio, citando la fuente, por supuesto, en la seccion de Bares y Cafes, Cafe los Galgos.

    Dado que he puesto el link a este blog, me preguntaba si les interesaria intercambiar links, y poner ustedes en algun lugar el link de mi sitio.

    Saludos y gracias

    Veronica



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